Unidad entre Ciencia y Filosofía

Así como perfeccionamos las ciencias, debemos perfeccionar la moralidad, sin la cual el saber se destruye. (Isaac Newton)

domingo 29 de marzo de 2009

Las organizaciones suicidas

La primera vez que escuché este término, el de las organizaciones suicidas, fue cuando cayó en mis manos un libro sobre intervención organizativa en la sociedad del conocimiento. Su autora, Isabel Cantón, describía a estas organizaciones como aquéllas que eran incapaces de planificar y adelantarse a los acontecimientos. Recuperando este concepto, quiero añadir en mi pequeña reflexión de hoy, un apunte más, con la intención de hilar más fino y descubrir a algunas organizaciones que presumen de ser tradicionalmente innovadoras cuando son en realidad, un proyecto engañoso y susceptible de fracaso. Aparentemente dan la impresión de empresas sanas, porque su primer objetivo es la imagen y no la esencia o la razón de ser de la propia organización. Digamos que es una empresa que se busca a sí misma. Se relaciona con sus clientes mientras le ofrezcan un beneficio inmediato, ingresos. En cuanto el cliente no pueda ofrecerle estos ingresos no le facilitan alternativas. Toda la amabilidad anterior se convierte en un "lo siento, no le podemos seguir prestando nuestros servicios...". Valiéndome de la distinción y unidad que nos ofrece Benedicto XVI, en su primera encíclica, Deus Caritas est, sobre el eros y el ágape, me atrevo a denominar dos tipos de entidades: el "eros organizativo" y el "ágape organizativo. En términos organizativos, podemos afirmar que entre el eros y el ágape existe una unidad, esa unidad y complementariedad viene caracterizada, principalmente, por lograr la continuidad de la empresa. El eros es lo material y el ágape la visión de futuro sustentada en una coherencia entre la misión y la misma visión. Ahora bien, la continuidad se ha de enmarcar en unos parámetros que la ayudarán a configurar una mayor amplitud de miras. El eros organizativo será aquella organización que se deja dominar por el instinto de supervivencia, no tendrá en cuenta lo que la hace progresar y desarrollar verdaderamente, que es la búsqueda de una contribución al desarrollo de la sociedad y del bien común. Esto dependerá de las cabezas que gobiernan la organización. Lo ideal es la unidad entre la continuidad de la empresa y la contribución al bien común de la sociedad. El eros organizativo, también rechaza las raíces por las que se originó y las adapta a su eros, el dominio y la autoexaltación. No hay más objetivo que éste, y si recurre a los valores es porque ve un instrumento más para manipular y engañar. Los valores no guardan ninguna riqueza en sí mismas. Se acogen a los valores para alimentar su eros. Tener esta concepción de la empresa, es degradar su propia esencia. En cambio, el ágape organizativo es aquella que no se queda en la materia, engloba todo su razón de existir, teniendo en primer lugar, ayudar a todos sus miembros a que se desarrollen personal y profesionalmente. No hay lugar para la coacción y sí para convicción de crecer para desgastarse por los demás. Deja de estar enfocada hacia sí misma, para estar enfocada hacia los demás. Su existir recobra un sentido pleno porque no ha sido creada para su propio provecho. Utliza los bienes materiales de la organización para servir, y el eros organizativo utiliza los bienes materiales para acrecentar el halo fascinador que le produce el poder y su amor posesivo (utlización de las personas).
¿Lo ideal? Que el eros se funda con el ágape, sólo así se abandonarán las apariencias para ser auténticas organizaciones humanas.
________________
Imagen tomada de: www.eleconomista.es

miércoles 18 de marzo de 2009

La vida sí importa

La campaña iniciada por la Conferencia Episcopal Española está teniendo su efecto. A mi juicio, y desde una perspectiva antropológica, no es lo deseable entrar en reduccionismos en la que se aplican otros, pero he de reconocer que es un anuncio muy acertado desde las trincheras de nuestra modernidad. Se puede afirmar, que ha sido una estrategia provocadora y suscitará, sin lugar a dudas, varias sacudidas importantes, en personas que tienen sus conciencias adormecidas por el reltivismo moral. El gobierno, no acostumbrado a manejarse con la CEE bajo estos parámetros publicitarios, ha empezado a balbucir sin saber muy bien qué dirección tomar, y parece que le ha molestado bastante esta manera de dirigirse a la opinión pública. La CEE fiel a su misión de ofrecer criterios para orientarse en la verdad, tenía acostumbrados a nuestros dirigentes, a esbozar unos mensajes y declaraciones demasiados complejos para ser capturados al vuelo, pero esta vez, han entendido todos el mensaje y a la primera. Por eso, saben del peligro que puede ocasionar este tipo de mensajes y máxime, cuando todo el mundo les está pidiendo lo mismo, salir del "larguero de la recesión" (Solbes, 2008). Con esto quiero decir, que ahora más que nunca, estamos cerca de provocar un debate serio sobre esta ley y dejar de lado la parodia escenificada por el pretendido comité de expertos de Bibiana Aído. Lo tenemos difícil, pero esta campaña, la de Hazte Oír y la de otros muchos organismos en defensa de la vida están provocando una gran dosis para recobrar la esperanza. Nos jugamos mucho y merece la pena que dejemos todo en el terreno de juego. Ahora que menciono esta similitud del juego, quiero sacar a la palestra un ejemplo muy gráfico de los efectos que pueden venir, a raíz de esta campaña de la CEE.
Dos equipos se enfrentan, el equipo "la vida sí importa" contra el equipo "Aído dream team". El primero estaba perdiendo por tres goles a cero, pero en el último cuarto de hora dos grandísimos jugadores del equipo de "la vida sí importa", han atravesado la línea de gol con dos soberbios disparos dirigidos a la escuadra, que es donde más duele al portero (ZP). El primero en marcar el 3-1 ha sido el lateral "Derecho a vivir" procedente de la cantera de Hazte Oir , y el 3-2 por el delantero centro CEE. Además de jugar en terreno contrario, cuyos espectadores son los ecologistas que se han rasgado las vestiduras vociferando todo tipo de improperios cuando se ha marcado el segundo gol, hay otra dificultad añadida, el arbitro es nada menos que Tamayo, del colegio de árbitros "teología creativa", que no pierde ocasión en sacar siempre la tarjeta roja al jugador CEE. Quedan cinco minutos de partido y el resultado es de 3-2. Si se empata habrá debate y si hay debate perderá el equipo de "Aído dream team" porque nuestro portero, el del equipo "sí importa" eres TÚ. Asi que no nos falles y participa de toda movilización en favor de la vida. Consulta la web de http://www.hazteoír.org/ . Si perdemos y no llegamos al empate, nadie te podrá reprochar nada porque diste lo mejor, tu entrega y tu persona por una causa noble y justa.

sábado 7 de marzo de 2009

Juan Fuster Zaragoza

El día 8 de marzo se conmemora el XXV aniversario del fallecimiento de un benidormí, Juan Fuster Zaragoza (1924-1984), fundador del Colegio Lope de Vega de Benidorm. Día memorable y propicio para agradecer el empeño de un hombre por cubrir las necesidades educativas de un pueblo, carente de unos estudios académicos básicos para progresar en el desarrollo profesional de cualquier oficio. Fue un hombre visionario, supo ver lo que convenía e impulsó un proyecto educativo que no sólo buscara forjar profesionales sino también formar personas.
Por eso, y aprovechando la oportunidad que me brinda esta pequeña ventana del diario Información, quisiera compartir, como hijo de don Juan, tres rasgos que conformaban su personalidad y que han impregnado en mí una honda huella imborrable. Sirva de sencillo homenaje de un hijo agradecido.
Cristiano. Hombre con profundas convicciones religiosas. Muestra de ello, es que abrazó su enfermedad (cuatros años) con una heroicidad digna de personas virtuosas. Encontró sentido a su trombosis diciendo que era una oportunidad para tener un trato más asiduo con el Señor.
Maestro. Mostraba siempre cercanía, afabilidad, cordialidad con todos sus alumnos y empleados. Buscaba lo mejor de ellos y sus predilectos eran los que más dificultad presentaban para superar las asignaturas y los que pasaban por momentos difíciles.
Soñador. Quería que su colegio sirviera de plataforma para el éxito personal y profesional de muchos. Poseía las cualidades que todo director de colegio debe tener: servir y guiar para ayudar.

Hace 25 años nos dejó. De tejas abajo no podemos sino sentirlo mucho porque fue un hombre dotado de grandes cualidades humanas y mejor padre. Gracias por tu entrega don Juan, gracias por tu ejemplo papá.

miércoles 25 de febrero de 2009

10 buenas razones para ayunar

En una sociedad cada vez más secularizada, donde la indiferencia al hecho religioso es constante y exponencialmente insensible, donde la radicalidad anticlerical es violenta, donde la ridiculización a lo más noble y bello es persistente, viene muy bien a nuestro corazón palabras alentadoras y que infunden calor sobre los gélidos vientos anticristianos que vive España y a los que debemos hacer frente, hoy más que nunca, con la oración, el ayuno y la limosna.
Inspirándome en el mensaje del Santo Padre Benedicto XVI para la cuaresma 2009, he descubierto en su exhortación 10 ganancias o buenas razones para ayunar y vivir, de este modo, extraordinariamente bien la Cuaresma.
  • Adquirimos la virtud de la autenticidad. Ser auténticos es saber dirigir nuestra conducta teniendo como marco referencial los orígenes, las raíces que causaron lo que somos ahora. Las Sagradas Escrituras, la Sagrada Tradición y el Magisterio de la Iglesia son fundamento de nuestra fe. Y como la tradición bíblica confiere un gran valor a la oración, el ayuno y la limosna, nosotros seguimos sus pasos porque la tradición cristiana nos dice que "ahuyenta los pecados, lava las culpas, devuelve la inocencia a los caídos, la alegría a los tristes, expulsa el odio, trae la concordia, doblega a los poderosos" (Pregón Pascual).

  • Fortalecemos nuestra voluntad. El ayuno es capaz de frenar el pecado, reprimir los deseos del "viejo Adán" y abrir en el corazón del creyente el camino hacia Dios.

  • Recuperamos la amistad con el Señor. Los habitantes de Nínive que, sensibles al llamamiento de Jonás a que se arrepintieran, proclamaron, como testimonio de su sinceridad, un ayuno diciendo: a ver si Dios se arrepiente y se compadece, se aplaca el ardor de su ira y no perecemos (3,9). También en esa ocasión, nos dice Benedicto XVI, Dios vio sus obras y les perdonó.

  • Descubrimos el valor de la fidelidad. El verdadero ayuno, consiste en cumplir la voluntad del Padre celestial, que "ve en lo secreto y te recompensará" (Mt. 6,18). Con el ayuno el creyente desea someterse humildemente a Dios, confiando en su bondad y misericordia.

  • Ganamos en bondad. El ayuno facilita una disposición interior a escuchar a Cristo y a nutrirse de su palabra de salvación. Por tanto, nos hacemos dóciles a sus inspiraciones y adquirimos actitudes irreprensibles.
  • Aprendemos a amar de verdad. El ayuno nos ayuda a mortificar nuestro egoísmo y abrir el corazón al amor de Dios y del prójimo, primer y sumo mandamiento de la nueva ley y compendio de todo el Evangelio.

  • Obediencia. El ayuno es un excelente recurso para curar todo lo que nos impide conformarnos con la voluntad de Dios.

  • Nos volvemos justos. El ayuno nos ayuda a tomar conciencia de la situación en la que viven muchos de nuestros hermanos. Cultivamos el estilo del Buen Samaritano que mantiene viva esa actitud de acogida y atención hacia los hermanos.

  • Nos hace libres. El ayuno es una arma espiritual para luchar contra cualquier posible apego desordenado a nosotros mismos. Ayuda al discípulo de Cristo a controlar los apetitos de la naturaleza debilitada por el pecado original, cuyos efectos negativos afectan a toda la personalidad humana.

  • Nos ponemos en disposición de alcanzar la sabiduría. Conociendo que el ayuno aleja todo lo que distrae el espíritu y para intensificar lo que alimenta el alma y la abre al amor de Dios y del prójimo.

Y para finalizar esta hermosísima carta, el Santo Padre nos invita a vivir con mayor intensidad la oración, el trato asiduo con el Señor y acudir con regularidad a los sacramentos de la confesión y de la eucaristía. Con esta disposición interior entraremos en el clima penitencial de la Cuaresma.



miércoles 18 de febrero de 2009

Perfil del comunicador católico

El P. Lombardi nos describe de manera magistral, como viene siendo habitual en él, las características y cualidades que debe adquirir todo comunicador eclesial. Tomemos nota, porque no tiene desperdicio alguno.
1. Utilizar un lenguaje claro, simple y comprensible, no demasiado abstracto y complicado o especializado. Es verdad que a veces los contenidos son complejos y los discursos deben ser articulados, pero al fin, si queremos que un mensaje "pase" y permanezca en la memoria del que nos escucha, debemos ser capaces de indicar con sencillez y clareza su núcleo central. Si no lo hacemos, no podemos quejarnos luego de que se hagan presentaciones o interpretaciones parciales o desviadoras. Así, si presentamos un documento, hay que saber ofrecer una síntesis, un comunicado breve, una frase inspiradora, aunque para su profundización se requerirá siempre la lectura del documento completo.
Un ejemplo puede ser el del reciente caso, tan atormentado, enlazado con los ‘lefebvrianos'. Hemos visto, una vez más, cuán difícil es hacer comprender qué cosa es la "excomunión" o la remisión de la excomunión. Me parece que la palabra "excomunión" hoy es una palabra peligrosa, que suscita fantasmas de la inquisición y fuertes emociones y que, por lo tanto, se debe prestar mucha atención a la hora de usarla.
2. Ser siempre verídicos y claros. Quizá sea superfluo recordarlo, pero no creo. Hay que decir siempre la verdad, también ante preguntas difíciles. De lo contrario, tarde o temprano se cae en contradicciones, ello se nos echará en cara sin piedad y el daño será más grave. La conciencia tranquila que proviene del decir siempre la verdad es la premisa fundamental para afrontar serenamente toda situación, por difícil que sea. Ello no quiere decir que hay que decir siempre todo: pueden haber justos motivos de discreción y prudencia; pero todo lo que se dice debe ser verdad, debemos poder asumir la responsabilidad de lo dicho. La verdad es principio fundamental, en particular, en la denominada "comunicación de crisis", cuando se es atacados por escándalos o errores. No hay nada peor que pensar que se puede mejorar la situación negando la verdad.
Cuando se nos presentan algunas preguntas que merecen una respuesta, hay que darla y no hacer esperar mucho esa respuesta. Es cosa buena estar disponibles y responder - personalmente o por medio de una persona delegada - si nos buscan por teléfono o por e-mail. Ello genera credibilidad y confianza, mientras que el escabullirse y la reticencia generan desconfianza y sospecha. También la tempestividad es importante para no hacer crecer olas de agitación, o no dejar que se difundan ampliamente informaciones falsas o inexactas, que luego es difícil rectificar. Hay que tener en cuenta que los periodistas deben escribir noticias - es su trabajo, a menudo están obligados a ello si hay algún tema del que se está hablando - y, por lo tanto, si no reciben respuestas atendibles, tienden naturalmente a desarrollar hipótesis o conjeturas, o a dar sus explicaciones.
3. Encauzar y guiar la información siendo los primeros en darla, y no tener que correr detrás de una información no correcta.
4. Disponibilidad, que no quiere decir intentar ser omnipresentes en los medios, dando la impresión de estar buscando notoriedad. Los media pueden ser desleales: crean con gusto a sus protagonistas y después se deshacen de ellos en breve tiempo, o en otros casos los vuelven esclavos del tipo de imagen que han creado de ellos.
5. Saber bien qué cosa se quiere comunicar y hacerlo con medida en los momentos importantes. Lo ideal es lograr que nosotros mismos seamos quienes "llevamos la batuta" de la comunicación creando las ocasiones propicias y lanzando los mensajes que nos apremian.
6.En la comunicación es importante "ser uno mismo". Cada uno tiene su propia personalidad como comunicador. Benedicto XVI es distinto de Juan Pablo II, pero él también - come vemos cada vez más - es capaz de comunicar con un estilo suyo. Algunos son más amenos, otros más sobrios, etc. Pero lo importante es que se vea que el que comunica es una persona sincera, que "da la cara" por lo que dice, capaz de trasmitir convicciones y emociones, más allá de un lenguaje frío y burocrático, "clerical" en el sentido negativo del término. Debemos recordar que el testimonio y la experiencia vivida son generalmente mensajes mucho más eficaces que los razonamientos conceptuales o que los largos discursos: está bien que también nuestra comunicación lleve en sí elementos y aspectos de esta naturaleza.
7. Discreto. Si hay cosas verdaderamente reservadas y que por buenos motivos no se deben hacer públicas, no hay que decirlas, por último ni a los amigos. En el mundo actual la discreción - el ser reservados - no existe o no se considera como un valor, y no nos podemos lamentar si circulan noticias que nosotros mismos hemos dado. Creo que ser buenos comunicadores conlleva también saber observar los límites de la comunicación, distinguir bien entre lo que se debe comunicar y el tiempo en que hay que comunicarlo y lo que no hay que comunicar o lo que todavía no se debe comunicar.
8. Cercano y con empatía. . Manifestar atención y comprensión por todas las personas cin las que se trate, buscar ocasiones de encuentro incluso personal, invitarles a participar en momentos comunes (Fiesta del patrono san Francisco de Sales, Jornada mundial de las comunicaciones sociales, principio y final del año pastoral...), en ciertos casos participar en momentos cruciales de su vida, o solidarizarse cuando están siguiendo acontecimientos importantísimos o dramáticos, o agradecerles la atención demostrada en ciertos acontecimientos importantes para la comunidad eclesial... Todos estos son modos para crear una mayor sintonía que facilita la confianza y la comprensión recíproca.
9. Saber gestionar y dirigir una "comunicación de crisis", es decir, las situaciones en las que la Iglesia se encuentra en dificultad a causa de escándalos o acusaciones graves y se la somete a críticas o ataques incluso en los medios de comunicación. Pensemos en las recientes situaciones relacionadas con abusos sexuales. Es necesario prepararse para eventualidades similares.
10. Anticiparse a los problemas, reducir los riesgos antes de que se conviertan en crisis y prepararse para lo peor. Determinar, en primer lugar, cuál será el mensaje de la Institución, identificar el público al que dirigirse, elegir el portavoz y los canales de comunicación adecuados.
No pensar sólo en el público "externo", sino antes que nada en el "interno" de la Iglesia, para conservar su confianza. Pensar en las víctimas: el público juzgará cómo han sido tratadas las personas a las que -voluntariamente o no- se haya producido el daño.
11. Contemplar el problema con los ojos del público (existe un "tribunal de la opinión pública") y si la gente piensa que hay crisis, la crisis existe ya. Es necesario intentar recuperar la iniciativa, convertirse en fuente informativa, colaborar con las autoridades, responder a los medios de comunicación.
12. Credibilidad. Hablar con una única voz y transmitir mensajes coherentes, claros, sencillos, repetidos. Las voces que se contradicen entre sí destruyen la confianza de los oyentes.
La palabra clave es "credibilidad", decir siempre y sólo la verdad. Nunca se debe mentir, ocultar la verdad o afirmar cosas no confirmadas. Una sola mentira destruye la credibilidad.
Las malas noticias se deben comunicar cuanto antes y de una sola vez (no poco a poco); si ha habido errores debe pedirse perdón. Sólo así se puede pensar en ser perdonados.
En lo que se refiere el apartado de "pedir perdón" se debe prestar atención también a las implicaciones jurídicas, para que no se atribuyan responsabilidades que no existen. Una consulta legal, en los casos más críticos es importante.
¡Magníficos puntos de reflexión y orientación!. Gracias P. Lombardi por esta hoja de ruta.

viernes 6 de febrero de 2009

La familia y la educación


Extracto de la conferencia del Cardenal Bertone en relación a la familia y la educación en el pensamiento de Benedicto XVI.
La familia es una institución a tutelar por el Estado. En la mayor parte de los Pactos y Convenciones internacionales se reconoce el derecho de la familia a ser protegida por la sociedad y por el Estado (Declaración Universal, art. 16.3).
“La familia se configura como la célula primaria y vital de la sociedad de quien dependen su salud y su fortaleza. Es lógico que la sociedad sea la primera interesada en desarrollar una cultura que la tenga como cimiento seguro, como el primer y más importante camino común del hombre, ya que éste viene al mundo en el seno familiar y, consecuentemente, a él le debe su propio existir como ser humano.”. Nunca podrá olvidarse que la familia es la fuente fecunda de la vida, el presupuesto primordial e irrenplazable de la felicidad individual de los esposos, de la formación de los hijos y del bienestar social, así como de la misma prosperidad material de la nación.
La Iglesia proclama que la vida familiar está fundada sobre el matrimonio de un hombre y una mujer, unidos por un vínculo indisoluble, libremente contraído, abierto a la vida humana en todas sus etapas, lugar de encuentro entre generaciones y de crecimiento en sabiduría humana.
En la familia, afirmaba el Papa al conmemorar el XX aniversario de la Carta Apostólica “Mulieris dignitatem,” “la mujer y el hombre, gracias al don de la maternidad y de la paternidad, desempeñan juntos un papel insustituible con respeto a la vida. Desde su concepción, los hijos tienen el derecho de poder contar con el padre y con la madre, que los cuiden y los acompañen en su crecimiento. Por su parte, el Estado debe apoyar con adecuadas políticas sociales todo lo que promueve la estabilidad y la unidad del matrimonio, la dignidad y la responsabilidad de los esposos, su derecho y su tarea insustituible de educadores de los hijos”. Se han de adoptar, también, medidas legislativas y administrativas que sostengan a las familias en sus derechos inalienables, necesarios para llevar adelante su extraordinaria misión.
Con relación a la igual dignidad y responsabilidad de la mujer respecto al hombre, el Santo Padre, recordó que aún persiste una mentalidad que ignora la novedad del cristianismo: “Hay lugares y culturas donde la mujer es discriminada o subestimada por el solo hecho de ser mujer, donde se recurre incluso a argumentos religiosos y a presiones familiares, sociales y culturales para sostener la desigualdad de sexos, donde se perpetran actos de violencia contra la mujer, convirtiéndola en objeto de maltratos y de explotación en la publicidad y en la industria del consumo y de la diversión. Ante fenómenos tan graves y persistentes, es más urgente aún el compromiso de los cristianos de hacerse por doquier promotores de una cultura que reconozca a la mujer, en el derecho y en la realidad de los hechos, la dignidad que le compete”.
La familia es la verdadera escuela de humanidad y de valores perennes, lugar primario en la educación de la persona. En este sentido, se ha de remarcar que es a la familia, y más concretamente, a los padres, a quienes compete por derecho natural la primera tarea educativa, y a los que se debe respetar el derecho a elegir la educación para sus hijos acorde con sus ideas y, en especial, según sus convicciones religiosas. Sobre el particular y, en concreto, sobre la enseñanza religiosa en la escuela, Benedicto XVI ha destacado que es “un derecho inalienable de los padres asegurar la educación moral y religiosa de sus hijos”. La enseñanza confesional de la religión en los centros públicos resulta acorde con el principio de laicidad, porque no supone adhesión ni, por tanto, identificación del Estado con los dogmas y la moral que integran el contenido de esta materia. Asimismo, este tipo de enseñanza no es contraria al derecho de libertad religiosa de los alumnos y de sus padres, debido a su carácter voluntario.

martes 6 de enero de 2009

Claves para contemplar el misterio de la Navidad

CIUDAD DEL VATICANO, 4 ENE 2009 (VIS).-Al mediodía de hoy, el Santo Padre se asomó a la ventana de su estudio que da a la Plaza de San Pedro para rezar el Angelus con los miles de peregrinos allí presentes. El Papa recordó al inicio que la liturgia de este domingo el misterio de la Navidad, propone nuevamente a nuestra meditación el mismo Evangelio proclamado en el día de Navidad, es decir, el Prólogo de san Juan. Después del trajín de los días pasados para comprar los regalos, la Iglesia nos invita a contemplar de nuevo el misterio de la Navidad de Cristo para comprender mejor su profundo significado y su importancia para nuestra vida. “Se trata -dijo- de un texto admirable que ofrece una síntesisextraordinaria de toda la fe cristiana. Comienza por lo alto: "En el principio existía el Verbo y el Verbo estaba junto a Dios, y el Verbo era Dios"; aquí está la novedad inaudita y humanamente inconcebible: "Y el Verbo se hizo carne, y habitó entre nosotros". Benedicto XVI subrayó que ésta “no es una imagen retórica, sino una experiencia vivida. La relata Juan, testigo ocular. (...) No es la palabra erudita de un rabino o de un doctor de la ley, sino el testimonio apasionado de un humilde pescador que, atraído cuando era joven por Jesús de Nazaret, en los tres años de vida común con Él y con los demás apóstoles, experimentó su amor -hasta el punto de definirse a sí mismo "el discípulo al que Jesús amaba"-, le vio morir en la cruz y aparecerse resucitado, y recibió junto a los demás su Espíritu. De toda esta experiencia, meditada en su corazón, Juan sacó una certeza íntima: Jesús es la Sabiduría de Dios encarnada, es su Palabra eterna, que se hizo hombre mortal”. Tras poner de relieve que “al conocer a Jesús, estando con Él, escuchando su predicación y viendo los signos que realizaba, los discípulos reconocieron que en Él se cumplían todas las Escrituras”, el Papa dijo que“cada hombre y cada mujer necesita encontrar un sentido profundo para su propia existencia. Y para ello no bastan los libros, ni siquiera las Sagradas Escrituras. El Niño de Belén nos revela y nos comunica el verdadero"rostro" del Dios bueno y fiel, que nos ama y que no nos abandona ni siquiera en la muerte”. El Santo Padre afirmó que “la primera que abrió el corazón y contempló "al Verbo que se hizo carne" fue María, la Madre de Jesús. Una humilde muchacha de Galilea se convirtió de este modo en la "sede de la Sabiduría". Al igual que el apóstol Juan, cada uno de nosotros está invitado a "acogerla en su casa", para conocer profundamente a Jesús y experimentar su amor fiel e inagotable. Este es mi deseo para cada uno de vosotros, queridos hermanos yhermanas, al inicio de este año nuevo”. ANG/VERBO/... VIS 090105(480)

Para contemplar...

Para contemplar...
Regreso del hijo pródigo (Rembrandt)